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De los molinos del Guadaíra a 77.474 vecinos: cómo se hizo Alcalá

De los molinos del Guadaíra a 77.474 vecinos: cómo se hizo Alcalá

Alcalá de Guadaíra tenía 8.198 habitantes en 1900. Hoy tiene 77.474. Es casi diez veces más gente en poco más de un siglo, y el salto no es casualidad ni es reciente: pasó casi todo entre 1960 y hoy. Lo curioso es que justo en esos años dejó de funcionar lo que había hecho importante a Alcalá durante siglos.

El río que daba de comer a Sevilla

Si Alcalá está donde está, es por el Guadaíra. A lo largo del río y de sus manantiales hubo una red de molinos harineros que convirtió a esta ciudad en la panadera de Sevilla. De ahí el apodo con el que se la conocía: Alcalá de los Panaderos.

Los molinos vienen de lejos. Un estudio histórico-técnico de la Universidad de Sevilla sitúa su proliferación en época andalusí y señala que la mayoría de los que se conservan son mudéjares, con reformas muy posteriores encima.

Cuántos hubo exactamente es algo en lo que las fuentes no se ponen de acuerdo, y prefiero decírtelo a darte una cifra redonda que suene bien. Ese mismo estudio habla de unos cuarenta molinos entre los siglos XV y XVI, treinta en el XIX y veinticuatro en pie hoy; otras publicaciones municipales dan cuentas distintas y separan los del río de los que movía el agua de manantial. Lo que no discute nadie es el orden de magnitud: fueron decenas, durante siglos.

Lo que el patrimonio reconoce hoy

El Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico tiene registrado el «Paisaje molinero del río Guadaíra» dentro del Registro de Paisajes de Interés Cultural de Andalucía, con ficha publicada en 2016.

Y hay un detalle en esa ficha que explica Alcalá mejor que cualquier descripción: en el mismo conjunto aparecen los molinos —el del Algarrobo, el de Cerrajas, el de Realaje, el de La Aceña, el de San Juan de los Teatinos— y también el castillo. No son cosas separadas. El río, la harina y la fortaleza son la misma historia: el sitio se defendía porque el sitio producía.

Hoy parte de eso se puede ver. La Harinera del Guadaíra, un edificio de 1934 que almacenaba la harina que luego iba a los hornos, funciona como centro de interpretación de la industria panadera, y hay visitas guiadas a algunos molinos.

Los molinos pararon justo cuando la ciudad se disparó

Aquí está lo que más me llama la atención de toda la historia. Muchos molinos estuvieron moliendo hasta los años sesenta, cuando la molienda eléctrica los dejó atrás. Mira ahora la población, con datos del INE:

  • 1900: 8.198
  • 1950: 25.279
  • 1960: 31.004
  • 1970: 33.999
  • 1981: 45.352
  • 1991: 52.515
  • 2025: 77.474

Entre 1960 y 1981 Alcalá sumó más de catorce mil habitantes. Entre 1991 y hoy, casi veinticinco mil más. Es decir: el pueblo creció de verdad después de dejar de vivir del río. Lo que lo hizo crecer ya no era la harina, sino otra cosa: estar al lado de Sevilla.

No voy a inventarme las causas exactas porque no las tengo documentadas una por una, pero el dato en bruto habla solo. Alcalá pasó de ser una ciudad con una industria propia a ser una ciudad del área metropolitana de Sevilla, y eso cambió por dónde crece y cómo se vive en ella.

Qué significa esto si estás mirando casa en Alcalá

Que una ciudad se haya multiplicado por nueve en un siglo no es un dato de trivial: se nota al buscar vivienda.

Hay dos Alcalás, y conviene saberlo antes de visitar nada. Está el casco antiguo, el que creció pegado al río y al castillo, con calles estrechas, edificios viejos y las riberas a un paso. Y está todo lo que se construyó después de los sesenta, en forma de barriadas y promociones, con otra lógica: más coche, más espacio, viviendas más nuevas.

Son dos productos muy distintos y no se parecen en nada ni en precio, ni en gastos de mantenimiento, ni en lo que tardan en venderse. Una casa del casco histórico puede tener encanto y también una reforma pendiente que no se ve en las fotos. Una de los años ochenta o noventa suele tener menos carácter y menos sorpresas.

Y una ventaja que no todos los municipios del cinturón tienen: las riberas del Guadaíra son hoy un espacio recuperado para pasear, con los molinos como parte del paisaje. Vivir cerca de eso es un argumento real, y de los que se notan cuando llevas años en una casa.

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