
Los Palacios y Villafranca: dos pueblos que tardaron tres siglos en ser uno
El nombre ya lo cuenta todo, aunque casi nadie se pare a pensarlo: Los Palacios y Villafranca no es un pueblo con nombre largo, son dos pueblos. Durante más de tres siglos vivieron uno al lado del otro con autoridades distintas, justicias distintas y, durante buena parte de ese tiempo, intereses enfrentados. Y los separaba un arroyo.
Los Palacios: una finca en alto en mitad de la marisma
Las primeras noticias de Los Palacios son de mediados del siglo XIV, en tiempos de Pedro I. Según el estudio que le dedicó el historiador Fernando Bejines en la revista Archivo Hispalense, por entonces era una heredad, una finca, en el borde de las marismas, a cinco leguas al sur de Sevilla. Se la conocía como «del Atalayuela» y su propietario era Gonzalo Núñez de Medina, alcaide del Real Alcázar.
¿Por qué ahí? Porque era terreno elevado en una zona que se inundaba. En la marisma, estar unos metros por encima del agua lo era todo.
En el siglo XV la finca pasó a los Ponce de León, que la compraron entre 1427 y 1432, y con ellos se asentó definitivamente el nombre de Los Palacios. Fue señorío de los duques de Arcos durante unos cuatro siglos. El castillo-palacio que le dio nombre, por cierto, ya no existe.
Villafranca: el pueblo que Sevilla fundó para plantarle cara
En 1501 el Ayuntamiento de Sevilla promovió una villa nueva justo al lado: Villafranca de la Marisma. No fue casualidad. Según cuenta el propio Ayuntamiento de Los Palacios y Villafranca, se fundó para contrarrestar los intereses económicos y políticos del señorío de Arcos.
Y para que la gente fuera a vivir allí, Sevilla puso facilidades: a cada familia que se asentaba se le daba una casa y una parcela de viña, y quedaba exenta de impuestos durante veinte años. Era, dicho en lenguaje de hoy, una promoción con incentivos.
El detalle geográfico es lo más curioso: el término de Villafranca rodeaba por completo el enclave de Los Palacios. Un señorío de nobles metido dentro de un pueblo de realengo.
El arroyo de la Raya y el puente de los pleitos
Entre los dos pueblos corría el arroyo de la Raya. Lo cruzaba un puente de piedra con una cruz en el centro y, a sus pies, la raya que marcaba la frontera.
Ese puente era algo más que un paso. Cuando había un pleito entre vecinos de uno y otro lado, se juzgaba sobre el puente, con las justicias de los dos pueblos presentes, y luego cada uno castigaba a los suyos según su propia jurisdicción. Dos administraciones a un paso de distancia, con un arroyo en medio.
Cómo acabaron siendo uno
Mientras los duques de Arcos mantuvieron el señorío, la unión no era posible. La cosa cambió con la abolición del régimen señorial en 1823: Los Palacios pasó a elegir su propio ayuntamiento y los dos pueblos quedaron, por fin, en igualdad de condiciones.
A partir de un real decreto de 1835, ya con Isabel II, cada pueblo celebró un concejo abierto con sus vecinos y los dos presentaron una petición conjunta para tener un solo ayuntamiento. La reina la aceptó. Muchas fuentes locales sitúan la unión efectiva en 1836.
El pueblo nuevo no se llamó como hoy. Al principio fue Villafranca y Los Palacios, con Villafranca delante. El orden se fue invirtiendo con el tiempo, sobre todo desde 1940, y el nombre de Los Palacios y Villafranca se proclamó oficialmente por bando de la Alcaldía el 17 de diciembre de 1986.
Un pueblo que creció, pero sin perder la escala
Desde aquella unión el municipio ha crecido mucho, pero a su ritmo. Con datos del INE:
- 1900: 5.438 habitantes
- 1950: 11.161
- 1970: 18.484
- 1991: 29.417
- 2025: 38.761
La década que más se nota es la de los sesenta: entre 1960 y 1970 pasó de 12.524 a 18.484 vecinos. Y desde entonces ha seguido creciendo, pero sin dispararse.
Para hacerse una idea de la escala, compáralo con Alcalá de Guadaíra, de la que hablé hace unos días: Alcalá tiene hoy unas nueve veces más población que en 1900; Los Palacios, unas siete. Y en los últimos cinco años, Los Palacios se ha mantenido prácticamente estable, en torno a los 38.700 vecinos.
Qué significa esto si estás pensando en vivir allí
Que Los Palacios sea la suma de dos pueblos, con siglos de instituciones propias a cada lado del arroyo, explica algo que se nota en cuanto pasas un tiempo allí: es un pueblo con identidad propia, no una extensión de Sevilla.
Y para quien busca casa, los números tienen una lectura práctica: la población lleva cinco años prácticamente quieta, así que aquí no hay la presión de demanda nueva que tienen los municipios que crecen a golpe de promoción. Si estás pensando en comprar o vender allí, tienes más información en la página de venta en Los Palacios y Villafranca, y si lo que buscas es alquilar, en la de alquiler en Los Palacios.